Camino por la ciudad. Son las 9:00 de la mañana. Las calles, vacías de tránsito de coches, todo permanece inmóvil. Llego a una zona comercial, en pleno centro de la ciudad. Voy buscando una tienda para comprar algo de comida. Las tiendas muestran sus marcas, carteles con modelos mostrando su mejor versión. Lo que nadie había previsto es que ahora hay un cambio de mentalidad. No se cuanto durará, pero desde luego a nadie importa ahora vestir elegante o con la ropa que mejor te sienta. Ahora lo que importa es sentirte vitalmente bien. Pero hay algo que más me inquieta. Los árboles, que forman una fila en el centro de la carretera, agitan sus hojas por el viento. El ruido que desprenden , producidos por la brisa del aire, es inquietante pero a la vez tranquilizador. La naturaleza hace acto de protagonismo en medio de una ciudad con presencia y modernidad que ahora se mantiene congelada. No hay ruido de coches, ni música ni luz artificial. El sonido producido 100% por la naturaleza contrasta con la zona urbana en la que se sitúa. Eso produce inquietud pero a la vez tranquilidad
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